ALGUNAS CUESTIONES QUE ENTIENDO DE INTERÉS EN EL ÁMBITO PENAL Y CRIMINOLÓGICO

 

DE LA NECESARIA PARCIALIDAD DEL ABOGADO         

  "En cualquier caso, hemos de resaltar aquí como idea general que el Abogado debe ser parcial. El Abogado que intenta ejercer su función con imparcialidad se convierte en una repetición perturbadora del Juez. De alguna manera está usurpando la función de éste y se convierte en su enemigo porque no cumpliría su misión de equilibrar la parcialidad de la parte contraria y su malentendido exceso de ecuanimidad, en lugar de ayudar a la justicia favorecería el triunfo de la injusticia contraria”. (Calamandrei, “Elogio de los Jueces escrito por un Abogado”).

 

El DELITO COMO FRUTO DE UN INTERESADO PROCESO DEFINITORIO O “LA LEY ES LO QUE QUIERE EL QUE PUEDE”

Siempre me ha cautivado Rafael Barret, y su artículo “Gallinas”: “Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil. Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver. ¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario...”

Como es de ver, se trata de una lúcida crítica a la propiedad privada como causante de infinitos males, evidenciando la generación de desigualdades, de la ley al servicio de determinados intereses y de la consideración del delito como fruto de una definición y no de  una realidad preexistente. Por ello la criminología crítica varía el paradigma de estudio desde el “por qué” se delinque al “por qué” se definen determinadas conductas como delictivas y no otras, y qué intereses subyacen en tal decisión -dado que no todos los ciudadanos, por su distinta posición en la estructura social, poseen el mismo poder de definición-.  

 

LA LEY NO ES IGUAL PARA TODOS

Que esta afirmación es del todo cierta lo demuestra la famosa cita de Anatole France: “La Ley en su magnífica ecuanimidad, prohíbe tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”. Y lo demuestra, pues aunque tal cita parece pronunciarse a favor de la igualdad de trato, la realidad es justamente la contraria habida cuenta de que el rico no tendrá por qué dormir bajo aquel puente ni robar ese pan ni mendigar, mientras que el pobre será –por su propia situación- más proclive a tener que hacerlo. En definitiva, el logro de la igualdad no pasa por tratar de igual manera a los desiguales, sino por tratarles de desigual forma a los efectos de igualarlos (en tanto la indeseable desigualdad real persista). Por ello, la igualdad que parece preconizar la expresión antes citada es falsa. En realidad, con ella se proclama la perpetuación de la desigualdad y de la injusticia.